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sábado, 5 de diciembre de 2009

Lollipop

Anoche fui a Lollipop, un nuevo restaurante-bar para la comunidad gay de Chapinero. El lugar es una promesa cumplida para quienes paseamos las calles de la ciudad buscando un buen cosmopolitan y buena comida.

Pero ya sabíamos que no iba a ser una noche más. Tan ataviados como hace diez años, tan ansiosos como a los 16 y tomando aquel taxi de siempre nos dispusimos al reencuentro.

Y es que hace una década los tres nos escabullíamos de nuestras casas para entrar a los bares rogando eludir nuestra minoría de edad, eran épocas en que se soñaba con un rescate cinematográfico de una vida abrumada por madres religiosas y maltratadoras.

Tiempos en donde la alternativa era huir, y lo hicimos con eficiencia. Explotaban las luces, la música y nosotros con ellas, pertenecíamos a un conglomerado de hombres y mujeres que buscaban un espacio para ser ellos mismos, sin las presiones de un colegio, un hogar o una oficina asfixiantes.

Escapamos y sobrevivimos haciéndolo.

Pero pasaron los años y decidimos erigir nuestras propias alternativas. Anoche nos miramos los unos a los otros sorprendidos porque habíamos dejado de huir y empezado a construir.

Y así, como en un cuento de hadas, la madre maltratadora ahora sonreía ante el valor de su hijo y atendía a los invitados; los príncipes se volvieron reales y firman uniones maritales de hecho en las notarías y, entre brindis, fuimos capaces de vislumbrar horizontes a media noche.

Lollipop se parece a nosotros, esta lleno de colores y buenas sensaciones, es cálido y reconciliador y tiene un gran futuro por delante.

Larga vida para un espacio que extrañábamos desde que perdimos un lugar para los tres.


lunes, 26 de octubre de 2009


Lector y lectora, lectores invitados:

Estoy legalmente unido al hombre que amo.

El sábado 24 de octubre de 2009, muy madrugado, muy agripado y muy congelado puse mi apuesta sobre la mesa.

Legalmente pertenezco al selecto grupo de personas que tienen una unión marital de hecho, un cepillo de dientes verde* y un palo de paleta premiado**.

Desde entonces me tiemblan las piernas, en la oficina piensan que es la gripa, pero no es así; son los primeros pasos de un hombre que apenas empieza su camino como sujeto de derecho.

Tengo los pies fríos, él dice que es el virus estacionario, pero es mi cuerpo malcriado porque sabe que tiene quien lo caliente.

Apenas y puedo respirar, no son los mocos, es la natural pérdida del aliento.

Me haré cargo de los síntomas, y ya sabré como cuidarlos por si tienen la fortuna de contagiarse.

A.

* http://inutilcombate.blogspot.com/2007/10/el-cepillo.html

** http://inutilcombate.blogspot.com/2007/09/comer-paleta.html


martes, 9 de junio de 2009

¿Qué diría Turing?

Alan Turing (1912-1954) fue el más grande de los teóricos de la informática del siglo XX, así como un reconocido matemático y criptógrafo. Es por el trabajo de este inglés que podemos tener una computadora en casa y, debido a ello, muchos lo han reconocido como el inventor del ordenador tal como lo conocemos hoy.

En febrero del 2008 (gracias al Dr. Turing) encendí mi computadora y me encontré con la posibilidad de acceder a una emisora vía internet dirigida a los LGBT. Participé en sus chats y me dio ilusión por Radio Diversia, pensé: quizás llegaremos a ser comunidad. Pantuflas puestas  me levantaba a seguir con los compromisos cotidianos. Todos los días a trabajar: audífonos, sonrisa, pantalla y teclado.

El científico inglés fue procesado en 1952 por mantener relaciones homosexuales con un joven de 19 años. Nunca se excusó, lo consideró innecesario, por lo cual fue condenado por "indecencia grave y perversión sexual". Tuvo que escoger entre la prisión o un tratamiento hormonal de estrógenos, aceptó esta última condena con importantes y penosas consecuencias físicas.


Hace tan solo unas semanas las instalaciones de la emisora Radio Diversia fue asaltada. El robo de sus computadores y bases de datos produjo una oleada de amenazas contra las personas que conformaban su red de apoyo y audio-espectadores. Se cerraron publicaciones, se abandonaron puestos de trabajo y pupitres en las universidades. Muchos se vieron obligados a huir.

Turing murió en extrañas circunstancias en 1954, nunca se esclareció si el envenenamiento por cianuro fue un descuido en el almacenamiento de químicos, suicidio o asesinato. Nadie alcanzó a hacerle un homenaje en vida por su “computadora teórica”, por develar los códigos nazis en la segunda guerra mundial, o por su aporte a la biología matemática.

¿Qué diría Turing? ¿Qué pensaría de las consecuencias adversas de su invaluable trabajo? No sabemos todo sobre él, pero con seguridad, como en 1952, no se excusaría. Como no se excusan los miembros de Radio Diversia, quienes buscan maneras de seguir al aire; no se excusan las cátedras LGBT de las universidades y no se excusan las parejas del miso sexo que se besan en la avenida Jiménez en Bogotá.

Yo tampoco me excuso, no me excuso por amar y ser amado, por ser “mi propia y especial creación”*, tampoco habrán excusas para por tomar la mano del hombre que amo y planear nuestra unión legal para este mismo año, no tiene por qué haber miedo, silencio, ni mártires.

¡Sin excusas Dr Turing! es un compromiso.

*Gloria Gaynor, I am what I am

lunes, 11 de mayo de 2009

La estación y el tren

Mientras estuve en esa ciudad –al otro lado del globo– me enamoré del tren. Todas las mañanas lo esperábamos como si fuéramos a un servicio religioso.

Oprimíamos el botón que anunciaba el tiempo que iba a tomar su llegada y tomábamos posiciones. Para la estación que nos correspondía, el tren ya iba lleno… todos nos dividíamos en los vagones de los extremos, que solían ser más cómodos.

Ella llegaba a veces tarde y aquel estaba siempre antes que yo. Lindos zapatos los de este chico que lograba agarrar el tren a último minuto. Éramos una familia de rutina, sin nombres, sin parentescos, pero que esperaban el tren.

Me gustaba pensar que el sol era el mismo y las gaviotas también, me gustaba pensar que no estaba solo y que los sonidos del metal y las puertas me hablaban un poco.

Adentro solía encontrarlo. Nunca pude quitarle los ojos de encima y era él quien cortaba el contacto visual manipulando su iPod. Tenía este pelo asimétrico y rubio y vestía de corbata, siempre encantador, alto y tan necesario.

A veces no coincidíamos, pero lo importante era cuando estaba. Me dejaba apurado en Parlament y yo cambiaba trenes en Southern Cross. Debíamos ser ágiles, era día de trabajo. Ten un buen día ¿nos veremos mañana?

Ya no estoy en la ciudad de los trenes y tranvías, y me pregunto si mi familia de estación recordará a ese que sonreía tanto. Que parecía saludarlos uno por uno. Que perdió el tren una vez en medio de improperios indescifrables de un idioma extraño.

Me pregunto si él intuye que lo extraño un poco; que escucho los metales rechinando y las puertas cerrándose. No sé si puede imaginar que lo llevo conmigo, que me corté el pelo ayer, y es así como el suyo.

Qué será de mí en él, qué será del tren, de Collinwood Station, de las gaviotas y del sol y de todos los que no volveré a ver.

Hoy cierro los ojos, les sonrío uno a uno a pesar del frío, tomo posición, me abro paso dentro del vagón y le deseo un buen día ¿nos vemos mañana?

jueves, 19 de marzo de 2009

Nueve años

19 de marzo. Día de San José, una fecha sacro-familiar que celebra el feliz acontecimiento de que sólo mi abuelo se llame como el carpintero bíblico en nuestra familia.

Esa misma fecha, en el año 2000, decidí escapar de casa por la mañana para encontrarme con aquel chico, sexy, dulce y considerado. Desde entonces el día sacro-familirar devino en el día sexy-sacro-familiar.

Si, es el aniversario número nueve de mi primera vez. Obviando una extraña desazón que experimenté el resto de la tarde, fue increíble… fue la fundacional, liberadora e irrepetible primera vez.

El próximo año será una década: la primera del siglo y, en definitiva, la primera desde el nacimiento de una nueva era.

¿Celebramos?

lunes, 2 de febrero de 2009

No quiero salir

Me encanta cuando grandes sucesos mundiales opacan los dramas personales. Pueden ser la posesión de un presidente afro, de una primera ministra homosexual o nuevas directrices de una corte constitucional. También pasa con catástrofes que me recuerdan el estrecho el linde entre el cuerpo y la falta de él, o lo aplazables que son los afanes que minan la tranquilidad de mis días.

A pesar de lo jubilosos o catastróficos que puedan ser esos momentos me encantan. Me gustan porque me hacen sentir pequeño… confortablemente pequeño: me acuesto en la inmensa cama de mis papás (si lectores del mundo, aún vivo con mis padres) y me como un helado o un chocolate mientras espío indiscreto e indolente el mundo, el allá afuera.

Ya no me afano por las entregas y los tiempos, por los contratos y las cuentas por pagar, todo puede ser otro día porque no importo, porque este pequeño yo –envuelto en sábanas blancas– es completamente prescindible ante los poderes de los hombres y las guerras de buenos y malos.

Mi psicoanalista diría que es un afán por regresar a un estado utérico donde nada ni nadie puede tocarme. Pero si nacer significa ser liberado al mundo real por un televisor, luego de dolorosas contracciones prefiero no salir… al final ¿quién espera por mí allá afuera?

Hoy me quedo aquí, viendo una versión más del mundo sin estar en él. Es cruel, es cínico, pero pasa. Hoy me declaro no nato.