El hombre más homofóbico que conocí descubrió que su hijo es gay. Mientras luchaba por deshacerse la imagen de ese grupillo incómodamente honesto en un colegio masculino y católico, tuvo que vivir la realidad que no lo dejaría en paz por mucho tiempo. Quizás aún no esté del todo recuperado.
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Cualquier día en la mañana nos aventuramos a averiguar con mi jefa sobre ser homosexual. No apostamos nada, pero nos dirigimos con emoción a comprobar que el otro se equivocaba en un puesto itinerante de la Cruz Roja colombiana. Con una sonrisa que ocultaba la indignación descubrió que la respuesta del funcionario era que un decreto prohibía donar sangre si se es gay.
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HSX, son las tres primeras letras de mi historia médica en mi EPS, significa que soy homosexual. Está en mayúsculas y centrado en la primera hoja. Cada que tengo una cita con el oftalmólogo o el ortopeda me recuerdan con mucho esfuerzo, y con una delicada retórica, que debo hacerme una prueba de ELISA con regularidad. Yo les pregunto si les dicen lo mismo a sus pacientes heterosexuales.
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Tres momentos muy incómodos para los otros. Hoy yo creo saber el lugar que me otorgan y en donde estoy. Pero el coordinador de mi colegio, mi jefa, los funcionarios de la cruz roja y el oftalmólogo de mi EPS se detienen.
Unos evitan el contacto visual, otros atacan, otros se toman a dos manos su cabeza y todos ellos se despiertan después de una larga siesta bajo el sol. Es necesaria esta insolación, a veces hace falta usar algún ungüento y perder una capa de piel muerta para poder sentir mejor el mundo que nos rodea. Siempre he creído que la presencia honesta es un efectivo acto subversivo, aunque no dejo de esperar que a cada cual le llegue el fin de su dolorosa exfoliación.
Inspirado en una linda metáfora de summersturm (en alemán)
http://www.youtube.com/watch?v=cSk-NdF09V4&mode=related&search=
La alegría del SÍ
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