Cordial saludo.
Antes de iniciar mi comunicado me atrevo a asegurar que no hablo sólo por mí. En repetidas ocasiones he asistido a consultas médicas en sus centros de salud por distintos motivos; entre ellos puedo contar mi pie plano, virosis comunes (síntomas gripales, malestares digestivos etc.) y tratamientos odontológicos. En un buen número de consultas –sobre todo las brindadas por su personal médico masculino– encuentran alarmante mi homosexualidad, registrada cuidadosamente en mi historia médica.
Esta alarma se desata con distintos matices, a veces es una sospecha, otras una actitud piadosa y qué decir de la mirada epidémica. Todas y cada una de las expresiones de sus médicos han sido primordialmente homofóbicas. Llevo un tiempo tratando de entenderlo, pero estoy completamente harto de su incompetencia para tratar a un paciente gay y, supongo, que a toda la comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgénero).
Uno de sus médicosm, que parecía proyectar sus propias carencias en mí, hizo el siguiente cuestionario (no es el primero de los médicos y no es el primer conjunto de preguntas):
¿Ha tenido relaciones homosexuales? a la respuesta afirmativa continuó, ¿Ha tenido ETS’s?, ¿Se ha hecho “la prueba”?, ¿Conoce la procedencia de su homosexualidad: genética, abuso paterno, materno?, ¿Sufrió abandono o “repudio” paterno?, ¿Su padre es homosexual?, ¿Sus padres conocen su condición?, ¡¿Y lo aceptan?!, ¿Se siente querido y aceptado?.
Al ver que no he sufrido ETS’s, me cuido en mis relaciones sexuales, me practico pruebas de ELISA preventivas, que no soy hijo de una familia abusadora, nadie me ha abandonado y soy un ser amado y aceptado, el médico bajó la cabeza con desilusión. Tal vez supuso que un gay necesitaba de su ayuda y compasión, pero quizás el único que requiera tales consideraciones sea él mismo.
Señores y señoras de Famisanar EPS. ¿Qué le pasa a su cuerpo médico?, nunca como hoy en Colombia las parejas del mismo sexo hemos sido reivindicados (tardíamente, pero estamos en camino) como familias (recordemos fami-sanar), como personas que construyen hogares defendidos por derechos constitucionales que, entre otras, nos permiten acceder a sus servicios de salud como parejas y sujetos de derecho. Y no, no estamos carentes, necesitados o dolidos por nuestras construcciones de género; al contrario, estamos orgullosos, edificando espacios de participación y dispuestos a denunciar a docentes, familiares, jefes y médicos (como los suyos) que de manera explícita o subyacente replican las dinámicas de discriminación.
Su funcionario tuvo que retraerse ante un hombre pleno, completo, empoderado. Tal vez él no lo sea; no ha recibido la educación que debía, preparación que, en definitiva, es deber de su institución brindar al personal. La preocupación por mi comunidad debe estar mediada por un conocimiento profundo de una condición que, para comenzar, no es epidémica; no responde a recalentados principios freudianos y –para implementar este tipo de interrogatorios, que superan los límites de prevención y cuidado de una comunidad– requiere estar avalada por un estudio serio y por un consentimiento del paciente o la paciente. Los usuarios somos ciudadanos de derecho, que vamos a una consulta de rutina y no podemos salir indignados a cambio de una prescripción de purgantes o de una plantilla para los zapatos.
Hoy pensé que Famisanar EPS. necesita ayuda, que la saneen por dentro, con terapia intensiva, con especialistas: antropólogas, sociólogas, psicólogas, comunicadoras, con capacitaciones, con un vistazo al mundo donde prestan sus servicios y que también se purgue con una fuerte dosis de sentido común.
Bogotá- Colombia
(enviado el 9 de mayo de 2008)
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