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miércoles, 26 de diciembre de 2007

él y su mamá

El trayecto en transmilenio se hizo un poco más largo de lo que fue en realidad, estaba camino a mi presentación formal con mi suegra. Un par de contactos telefónicos con ella me habían hecho desistir de mi curiosidad por conocerla. Faltando pocas cuadras encontré en el furioso perro una excusa perfecta para escabullirme, pero él muy decidido prometió defenderme de la bestia peluda.

Llegamos, nos presentamos, mi suegra nos sirvió un rico almuerzo, tomamos tinto y ante el ensordecedor silencio comenzamos a hablar de lo único que teníamos en común y nos tenía allí frente a frente: el sujeto.

Los osos de peluche con los que él dormía cuando era niño fueron la excusa perfecta para sacar el álbum familiar y entre risas y los ojos avergonzados de mi novio revolcamos los recuerdos y nos profesamos la una al otro el amor por nuestro chico.

De vuelta me entendí que había pasado la tarde inmerso en la ideal primera visita a la suegra, una que no esperé encontrar jamás en una relación con un hombre, y que me dio la bienvenida a una relación mucho más real y a un primer y casi perverso gusto por los estereotipos (obvio los cómodos y felices estereotipos).

Mi suegra es estupenda.
Odio al perro.
Amo mi estereotipo.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Hoy

Me siento como un producto en la nevera del supermercado cuando se le pasa la fecha de expiración… me siento vencido.