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sábado, 24 de noviembre de 2007

tenerlo todo

La famosa columnista del Newyorker lo sugería (capítulo 71 quinta temporada -y digamos todos juntos amén-), “tenerlo todo” es disfrutar de un gran trabajo, un buen novio y un lindo apartamento. Pero, ¿es tan simple? El dilema está en la definición personal de gran, buen y lindo. Creo que podemos cambiar indistintamente los adjetivos y la máxima seguiría funcionando. Lo delicado de este gran, buen y lindo es que se ajuste a todas las situaciones, por ejemplo: ¿es fácil conservar una relación con el buen novio mientras te esfuerzas por mantener el gran trabajo? ó ¿es posible mantener el lindo apartamento cuando tu buen novio deja las medias tiradas en la sala y el jabón lleno de pelos?

La versatilidad de éste trabajo, este novio y este apartamento tendrían que ser sobrenaturales, y eso queridos amigos, no existe. Por eso mi consejo es que varíen, tanto como sea posible, las fuentes de su felicidad inmediata. Y con ello los adjetivos para su ocupación, su compañía y su espacio. Hagan simples sus recompensas y prefieran las pequeñas pulsiones mientras llegan a lo grande, lo bueno y lo lindo. Hoy me dedico por completo a mi exigente trabajo, en un reducido apartamento, con un silencioso novio. Lo tengo todo, y eso incluye una rica y humeante taza de café.

lunes, 19 de noviembre de 2007

El rompimiento

Cuando se está en ciertas relaciones se corre un peligro inminente. Las reglas internacionales gays se comienzan a romper: la linda ropa ya no es lo prioritario, los peinados versátiles se terminan y el flirteo de “por si acaso” disminuye. Es forzoso que los grandes bailes y salidas fuera de la ciudad sean menos frecuentes y que los presupuestos se vayan más en libros que en el goce de los platos de un buen restaurante.

Hay relaciones que quitan tiempo y espacio. Apartan los amigos y cuando uno se da cuenta los únicos pretendientes resultan ser hombres heterosexuales, que en un ataque de confusión terminan por decir “si yo fuera gay me cuadraría contigo” o “¿por qué no eres mujer?”. Si, este tipo de relaciones confinan, corrompen, confunden, agotan y hacen que uno termine expuesto en el mercado equivocado, nadie compra un Versace en una buseta.

Es una confesión. Hay momentos en los que el deseo más profundo es que se acabe, que los días de enclaustramiento se esfumen y que la fiesta continúe. Eso es lo que pasa con esta tesis de mierda, la amo, pero mi objetivo más claro es terminar pronto con nuestra larga y confictiva relación.