La famosa columnista del Newyorker lo sugería (capítulo 71 quinta temporada -y digamos todos juntos amén-), “tenerlo todo” es disfrutar de un gran trabajo, un buen novio y un lindo apartamento. Pero, ¿es tan simple? El dilema está en la definición personal de gran, buen y lindo. Creo que podemos cambiar indistintamente los adjetivos y la máxima seguiría funcionando. Lo delicado de este gran, buen y lindo es que se ajuste a todas las situaciones, por ejemplo: ¿es fácil conservar una relación con el buen novio mientras te esfuerzas por mantener el gran trabajo? ó ¿es posible mantener el lindo apartamento cuando tu buen novio deja las medias tiradas en la sala y el jabón lleno de pelos?
La versatilidad de éste trabajo, este novio y este apartamento tendrían que ser sobrenaturales, y eso queridos amigos, no existe. Por eso mi consejo es que varíen, tanto como sea posible, las fuentes de su felicidad inmediata. Y con ello los adjetivos para su ocupación, su compañía y su espacio. Hagan simples sus recompensas y prefieran las pequeñas pulsiones mientras llegan a lo grande, lo bueno y lo lindo. Hoy me dedico por completo a mi exigente trabajo, en un reducido apartamento, con un silencioso novio. Lo tengo todo, y eso incluye una rica y humeante taza de café.
La alegría del SÍ
Hace 9 años